Carlota había dormido como un tronco. Ya era de día, y había quedado a las 10 con Ferrando para ir a la isla, se arreglo y bajo a desayunar. Su tía, levantada ya, había pasado una noche en la que le vino completamente la inspiración a la cabeza. Sin saber lo sucedido la tía el dia anterior en el Café, se lo preguntó a Carlota, y le explico lo que había visto en aquel espejo. Carlota, convencida de que aqeullo significaba algo, hoy descubriría por completo el misterio. Quisieron desayunar, pero no había ni leche ni da, así que su tía le ofreció un té de flores, Carlota extrañada lo aceptó, pero finalmente le gustó. Carlota, interesada en la receta, le preguntó a Ángela sobre la receta, y su respuesta fue que la receta estaba entre un libro que había pertenecido a la abuela. Era un libro de poesía romana de amor que buscaron en la estantería, pero non lo encontraron, era un asunto enigmático. Ferrando tocó el timbre de la puerta, había llegado.
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